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jueves, 31 de enero de 2013

Aprendiendo


No es que la madurez me haya hecho más valiente,
es sólo que he aprendido a vivir el dolor con un poco más de discreción.

No es que la madurez me haya hecho más cursi,
es sólo que he aprendido que no tiene caso disfrazar la dulzura con rudeza.

No es que me haya vuelto desinteresada,
es sólo que he aprendido a respetar aquellos intereses que no me incluyen a mí.

Aprender es un lujo muy costoso,
y eso, me ha costado mucho aprenderlo...
por eso me he prometido poner más atención.

G.
Aprendiendo


miércoles, 30 de enero de 2013

Honrar la vida

No…
permanecer y transcurrir
no es perdurar, no es existir
ni honrar la vida.

Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber
adormecida.

Merecer la vida no es callar ni consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida.

Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.

No…
permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida.

Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.

Merecer la vida es erguirse vertical
más allá del mal, de las caídas. 
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida.

Eso de durar y transcurrir
no nos da el derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.

Eladia Blázquez



miércoles, 23 de enero de 2013

miércoles, 2 de enero de 2013

Respirar profuno, bien profundo

La primera vez que me volví consciente de lo importante que era cuidar mi cuerpo no fue a causa de la vanidad. Esa primera vez era una niña débil sentada en la orilla de la cama con toda la atención puesta en mi entrecortada respiración. Nunca me había fijado en cuántas partes del cuerpo participaban en uno de los tantos actos reflejos e involuntarios de mi ser.

Ahí estaba, encorvada, deseando que el interior de mi pecho se ampliara lo suficiente para que entrara a la primera todo el aire que estaba intentando capturar con la nariz.

No recuerdo qué hora era, si estaba la televisión prendida o si era día de escuela, pero recuerdo claramente el sonido de mi pecho, el cansancio de mi espalda y la forma en que temblaba toda. Eso, lo que recuerdo, era lo único importante. Como en una película, estaba aislada de todo lo que había a mi alrededor. Fue en ese justo momento en que pensé "qué bonito es respirar normal, la próxima vez que pueda hacerlo, de verdad que lo voy a disfrutar".

Debe ser por eso que disfruto tanto las largas caminatas y todo aquello que al final amerita una profunda y ancha inhalación, de ésas con las que se siente cómo la vida entra por la nariz llenando no sólo los pulmones sino el cuerpo y el alma entera; de ésas que invitan a abrir los brazos, levantar la cara y recibir con una gran sonrisa lo que sea que esté por venir.

¿Cursi? No.  Sólo un poco enfermiza...

G.
Reviviendo los achaques de la infancia.


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