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viernes, 30 de agosto de 2013

Para vivir en grande

Viaja mucho y viaja lejos.

Lleva siempre el corazón, los ojos y la mente bien abiertos.

Absórbelo todo.

Disfruta, sufre, extraña, asimila, aprende, atrévete,
explora, descubre, diviértete, sorpréndete,
rompe reglas, sal del camino...

Y siempre ve por más.

G.
Para mis niñas.


domingo, 25 de agosto de 2013

Filosofando en Machu Picchu

Estoy aquí, en Machu Picchu, sentada en un montón de tierra húmeda con la hermosa ciudadela frente a mí, y mis ojos no pueden hacer más que llorar… estoy muy emocionada.

Hago un recuento del duro viaje que he seguido para llegar hasta aquí, hago un recuento de mi vida y la forma en que me ha llevado hasta este punto y tengo tantos pensamientos en colisión.

Y para variar no hay de otra más que seguir caminando, como cuando estaba en medio de las montañas, caminando entre la nieve. ¡Sentí miedo, estaba tan cansada y con tanto frío! Y me sentí tan sola y tan indefensa allá arriba. A veces me siento así, llena de frío, sola, aislada. Otras, me siento plena, feliz, realizada… como cuando estaba flotando en el agua tibia cantando y mirando el cielo saturado de estrellas… ¡que noche!

Hoy el viento me ha llevado a recorrer montañas, a dormir en medio de la nada, a sentir el frío intenso de la nieve en mis manos, y el calor abrazador en la espalda.

Aquí estoy… en el punto cumbre de este viaje, alcanzando mi objetivo y disfrutando el espectacular paisaje en soledad.  

Y soy feliz.

G. 
Filosofando en Machu Picchu.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Las mujeres no leen National Geographic ¿?

- Las mujeres no leen National Geographic -, eso me dijo un lindo argentino de ojos claros y piel apiñonada que conocí en Ipanema mientras cenaba un sanduich de queijo, y de momento no supe cómo tomar su comentario.  ¿Qué qué? ¿es en serio? ¿de que está hablando? Se me vinieron tantas preguntas en un instante.  Estaba agotada después de varios días de sobrevivir con mi mediano portugués, así que oír de pronto su rotunda afirmación en español me sacó del letargo de la noche.  

Tenía la oportunidad de charlar un rato en español y dejar de sentirme incomunicada, así que quité mi cara de incredulidad y de inmediato le pregunté por qué.  Él sólo dijo  - no sé, pero es raro ver que una mujer lea Nacional Geographic, normalmente la leen los hombres -   y luego quiso saber de qué trataba el artículo que estaba leyendo con tanto interés: hablaba del amor, no visto como sentimiento, sino como un conjunto de procesos químicos.   Y ahí estaba yo, sentada en un local de comida económica, rodeada de cariocas, a unas cuadras de la bella playa de Ipanema, en vísperas del Carnaval más famoso del mundo, enterándome del lado científico del amor…  ahora que lo pienso debió ser un cuadro un poco extraño.  

Antonio y yo conversamos un rato del tema aquél y de nuestro paso por Brasil.  Él estaba recorriendo varias ciudades y esa era su última noche en Río de Janeiro, por que quería salir de ahí antes de que lo atrapara el ajetreo causado por los festejos del Carnaval.  Yo había ido precisamente a vivir de lleno esas fiestas, y a encontrarme con un amigo muy querido que por esas fechas alquilaba un apartamento en Copacabana.   Tras una divertida y reconfortante charla, un cigarro y una soda,  nos deseamos buen viaje y Antonio se fue. 

Durante toda mi estancia en Río sus primeras palabras me rebotaron en la cabeza como abejas encerradas y se alborotó mi curiosidad.   - ¿Será cierto? -  me decía,  y prometí hacer una encuesta cuando volviera a casa, y así pasó…  ¿por qué nunca había reparado en una observación como ésta?

Primero investigué entre mis amigas, luego en la familia, los amigos y compañeros de trabajo.  Todos me miraban con extrañeza cada vez que les lanzaba la famosa pregunta y al igual que yo se daban cuenta de que era un tema que normalmente no les quitaba el sueño.  Después de mantener el contador en ceros, desistí.  Pero confirmé con cierto alivio feminista  que no era un tema de género, porque sólo un amigo pudo nombrar en su lista de publicaciones preferidas una similar a la que causó mi inusual controversia.   

Aquella curiosidad quedó satisfecha y ya puedo dormir tranquila… pero ahora tengo cierta frase que le guardo al lindo chico por si algún día lo vuelvo a ver:  - Che, estamos empatados, ustedes tampoco la leen! -

G.

sábado, 31 de julio de 2010

Alma viajera

Empecé a viajar un día que sentí la necesitad de salir corriendo de la vida diaria…  la realidad en ese instante de mi vida no me resultaba grata.  Siendo honesta, la distracción sólo fue temporal, porque a fin de cuentas regresé y continúe en el mismo lugar.  Lo rescatable de la huida fue que desde el instante en que pisé por primera vez un suelo ajeno algo en mi interior se despertó. 


Gracias a ese primer viaje, despertó la rebeldía ante lo que la vida me ponía al rededor, y noté lo poquito que sabía de mí y del mundo entero. Ahora ya no viajo para huir…  ahora viajo para encontrar.


Encontrar… una palabra tan profunda y con tantos matices.  En cada viaje siempre encuentro, conozco,  siento y termino por saberme tan ignorante.   “¡Quién me hubiera dicho que esto existía!” me digo, y me complazco por saberlo ahora.  Y quiero más.  Siempre quiero más.




Y después de ver paisajes nuevos, de escuchar otros idiomas, probar sabores nuevos, ver rasgos tan distintos de los míos, y descubrir a la vez tantas similitudes,  acabo por encontrarme conmigo misma.  Siempre un poco más soñadora, siempre un poco más aventurada y siempre un poco más curiosa.  Ansiosa por alcanzar el siguiente destino.


Y cuando vuelvo a casa  (a aquello que podría ser la parte cotidiana de mi vida) todo me parece tan distinto… porque mis sentidos llegan renovados, y mi corazón marcha a un nuevo ritmo.  Y aquí, en la vida diaria, vuelvo a conocer y a aprender.  Siempre más. 


G.
Disfrutando el gran viaje de la vida.

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