No soy una mujer que tenga miedo de andar sola... ni por la calle, ni por la vida. No soy una mujer que necesite que paguen por ella... ni las culpas, ni las cuentas. No me gusta el látigo, ni el grillete, ni la yunta, ni la lupa. G.
¿Cómo educar mis pensamientos?, si me gusta dejarlos andar libres, desbocados y sin riendas... Es que a veces no les basta con la comodidad de lo debido, de lo correcto, de lo bien visto. No les basta con la simplicidad de lo común. ¡Caro es el precio de tal remilgo! Alto es el pago de la elección... - si es que puede llamarse elección a una exigencia interior - G. La remilgosa.
Amo a la niña que fui: Inquieta, rebelde, persistente, traviesa, inocente, despreocupada, llorona, consentida, vanidosa, flacucha y remilgosa. Esa niña que fui hasta el último día que había de serlo. Algunas de estas características se han ido a causa de las experiencias y los años, siendo reemplazadas no para bien, no para mal. Sólo concediendo su lugar a rasgos nuevos. No tengo una niña interior, tengo una congruente mujer que combina perfecto con la mujer que soy en el exterior. Amo a la mujer que soy: Inquieta, rebelde, persistente, dramática, vanidosa, aventurada... y sí, todavía remilgosa.