Confieso en el rincón sin eco, donde nadie escucha y nadie espía. Y no sé si eso tendrá algún tipo de validez, ni ante quién deba ser validado. No necesito confesarme las verdades que ya sé y que no me oculto. Ante mí soy sincera y transparente, no hay nada que quiera o deba perdonarme.
No hay escenario ni telón.
Mi actuación se llama vida y la escribo cada día al despertar, incluso al soñar.
Confieso entonces en el rincón sin eco, y en el centro del todo donde mi voz retumba:
No hay nada que confesar.
G.
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lunes, 3 de enero de 2011
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