Siento, y eso me hace más real.
¡Al diablo con ser razonablemente feliz!
Me quedo con mis sentimientos insanamente desmesurados y con la intensidad que ellos brindan a mi loco y palpitante corazón (la parte más visceral de mi ser después de mi estómago desgastado y maltrecho).
Me rebelo a no sufrir, porque de no hacerlo, rechazaría también la esperanza eterna del amor. Me resisto a una vida plana y simple, y me quedo con la extraña mezcla que sustenta lo que habita en mi interior.
G.