Estoy aquí, en Machu Picchu, sentada en un montón de tierra húmeda con la hermosa ciudadela frente a mí, y mis ojos no pueden hacer más que llorar… estoy muy emocionada.
Hago un recuento del duro viaje que he seguido para llegar hasta aquí, hago un recuento de mi vida y la forma en que me ha llevado hasta este punto y tengo tantos pensamientos en colisión.
Y para variar no hay de otra más que seguir caminando, como cuando estaba en medio de las montañas, caminando entre la nieve. ¡Sentí miedo, estaba tan cansada y con tanto frío! Y me sentí tan sola y tan indefensa allá arriba. A veces me siento así, llena de frío, sola, aislada. Otras, me siento plena, feliz, realizada… como cuando estaba flotando en el agua tibia cantando y mirando el cielo saturado de estrellas… ¡que noche!
Hoy el viento me ha llevado a recorrer montañas, a dormir en medio de la nada, a sentir el frío intenso de la nieve en mis manos, y el calor abrazador en la espalda.
Aquí estoy… en el punto cumbre de este viaje, alcanzando mi objetivo y disfrutando el espectacular paisaje en soledad.
Y soy feliz.
G.
Filosofando en Machu Picchu.
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